SIN LUGAR PARA VIEJOS Y DÉBILES- por marcelmaina



Ayer mataron a mi vecino. Le descerrajaron el pecho con un disparo. Dice que no alcanzaron a robarle nada. Por nada lo mataron, como se mata a una bestia. En su negocio de aberturas quedo tendido en un charco de sangre. Sobrevivió minutos. Las preguntas: ¿se resistió?, ¿cómo es que no se llevó plata?, ¿por qué lo mató?. Casi estupidamente buscamos un sentido. ¿que justifica si se resistió o no? ¿quién sabe con claridad cómo se actúa en esos momentos?

La vida se compra y vende. Y por muy poco. En un tiempo no era así le explico a mis jóvenes alumnos que se criaron en la naturalización de la violencia, en las casas llenas de rejas, entre alarmas y sórdidos personajes de seguridad privada. Hubo un tiempo de puertas que se dejaban abiertas en el día, calle compartida, ladrones que solo mataban si estaba en juego la propia vida. Casi nunca. Hoy matar se ha vuelto un deporte. No es posible simplificar. Miseria, consumismo, falta de ley, sinsentido del mundo, falta de futuro, abandono, quiebre de una cultura del trabajo y el esfuerzo. Compra y venta de todo, y también de las esperanzas. Todo eso y más.

Pero alcanza para pensar ¿por qué alguien, sin mayor motivo, apunta a una persona indefensa, dispara y lo deja sin vida?

En la película de los hermanos Cohen, no tan mal traducida como de costumbre, los asesinatos despiertan en el espectador la terrible sensación de que son realizados sin sentido alguno. Matar por matar. Tal vez el sello terrorífico que adquiere en nuestra sociedad. El agravamiento de los climas sociales que poca atención le presta la rapiña del poder, hace que el delito se refuerce con el apoyo de aquellos que al parecer tendrían que prevenirlo. Políticos, jueces y policías se culpan mutuamente, pero desgraciadamente, son pocos los que quieren cambiar ésto. Y molestan.

No es negocio. El miedo, la inseguridad (¿a cuál nos referimos?), el delito, dan ganancias substanciales a una red que cierra en la impotencia al ciudadano común. Muchos quieren responder a la violencia con más violencia, otros pretenden salvarse solos (¿es posible?), otros sufren en silencio el aislamiento actual, otros salen a la calle, otros se inmovilizan. La sensación es que no tiene sentido nada, que a la vuelta de la esquina alguién puede abrir nuestra frente como el asesino de la película. Por nada. Simplemente por nada. O por unas zapatillas.

Muchos medios hacen negocio también, pero sería estúpido pensar que lo que vivimos es invento de los medios como tantos progres piensan. Murió mi vecino, así porque si dejó un vacío, de los que nadie puede llenar. Los que no apoyamos la respuesta de la muerte planificada, el asesinato del asesino, los que nos duele tanto el pecho desde ese día, los que lloramos a veces para afuera y a veces para adentro, los que sumamos otras pastillas. Los que creemos que se mata de muchas maneras. Los que no sabemos tanto que hacer. Nosotros los débiles, nos parece a veces, como Tommy Lee Jones, que en éste mundo, no hay lugar para nosotros.

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