POLÍTICAS, ESTADO E INSEGURIDADES DE CADA DÍA




MIEDO: Sensación de angustia provocada por la presencia de un peligro real o imaginario


Alguien dijo que hay dos grandes pasiones manejadas por la política, el miedo y la esperanza.
Es difícil alejarnos de posiciones negadoras pseudoprogresistas o intervenciones cuasi fascistas de reivindicación de más de lo mismo.
Ante las pasiones es difícil pensar, las primeras respuestas no tienen reflexión...se pasa a la ira, y antes o después a su socia la depresión.

¿es que nadie hace nada?

Difícil comprenderlo, pero el clima de inseguridad de uno u otro modo se va naturalizando. Uno cuenta como le robaron y amenazaron como si fueran las imágenes repetidas y gastadas de un noticiero.
El miedo es funcional a muchos poderes, y también felizmente para ellos...desmoviliza, fragmenta aún más, aisla.
Rejas, alarmas, armas, seguridades cada vez más inseguras, matar al ladrón...las respuestas aumentan la naturalización y el crimen se recrudece porque el que se la juega se la juega a todo o nada. Vayamos al extremo: la pena de muerte no paró, donde se implanto, el crimen, los hizo más terribles. Porque el ser humano construido en el crimen sabe que no tiene que perder.
Compleja la trama, la droga todo lo hizo más complejo, y el robo, las entraderas se convirtieron ya no en la oportunidad de rateros, sino en el deporte de asociaciones para el crimen, de sectores sociales diversos, de la policía, de jueces, de narcos.
Enfermar ante esto es quedarnos pasivos ante esto, o sumar más violencia, o negar. El tema es seguir pidiendo que la raquítica ley que hoy impera, no ciega sino distraida, se fortalezca. En una sociedad donde algo de civilización puede quedar, es ese poder el que ordena muchos temas, la corrupción, las mafias, el delito generalizado. Hoy se colabora con la no acción, porque asistimos a shows de descubrir crímenes y no ver resoluciones que los sancionen como corresponde. Y eso fomenta el peor caldo de cultivo: el descreimiento.

A pesar de todo, debemos ya empezar a luchar contra toda manipulación que nos siga aislando y encerrando. Es difícil, pero vital. Haciendo lugar a las pasiones alegres, para que las tristes no nos devoren. Uniendo, lo poco que cada uno puede....para no recrudecer esta sensación de no vecino...porque el miedo puede llevar a unir, y a confiar en el que está al lado, que vive y sufre muy parecido. De eso se trata vivir, entre tantas muertes sin sentido, encontrarles alguno. Se lo merecen.

ELOGIO DE LA DESCONEXIÓN
En los últimos tiempos me ha tocado lidiar con el llamado de atención a alumnos que en plena clase parecen abstraídos por la conexión permanente a sus celulares. No obstante haber planteado reglas de juego claras al inicio del año, los pequeños "mundos en mi mano" vienen desafiando nuestra posibilidad de encontrarnos en clase para producir algo, para aprender algo, para irnos con el disfrute del intercambio. Todo es contacto, y ese "toco y me voy" parece dominar algo más que algunas pantallas. Tal vez despiadados bichos ya han marcado los distintos modos de ¿vincularnos? Nadie puede negar lo que soluciona un celular en la ¿comunicación? No se trata de hacer campaña por Thoreau y huir a los bosques....pero probó Ud. encontrarse sin celular por un rato. Se puede tomar como medida la cara de mi alumna descubierta en su abducción, diciéndome ..."es un celular, estúpido".
Las tecnologías son en definitiva espejos y vienen bien para justificar nuestra negación de la realidad, externa e interna. Su seducción es mucha y prácticamente irresistible. Educamos los adultos en mirar para otro lado, o en alentar algo que oficie como nuevo chupete, la otra tele, la transportable. No es menudo tema. ¿sabemos como afecta nuestro cuerpo?, ¿sabemos como nuestra psiquis se ha transformado? ¿sabemos los efectos que viene produciendo en nuestra vida de todos los días? La realidad es que nos ha ganado su naturalización y se puede ver en muchos jóvenes un feroz cuestionamiento a nuestra desubicación pidiendo recreo de los despiadados tiranos. Es primordial imponernos otros momentos sin redes, ni contactos, ni pantallas, con más naturaleza, más mirarnos, más rescate de la propia interioridad. Desconectados. Aunque cueste y lo primero que sintamos es el vacío. Si no hay vacío, no hay creación posible. Y ahora, perdonen que abandone este momento, está vibrando mi bolsillo y me recuerda que no puedo vivir sin la dosis suficiente. No es nada fácil, no?