ELOGIO DE LA DESCONEXIÓN
En los últimos tiempos me ha tocado lidiar con el llamado de atención a alumnos que en plena clase parecen abstraídos por la conexión permanente a sus celulares. No obstante haber planteado reglas de juego claras al inicio del año, los pequeños "mundos en mi mano" vienen desafiando nuestra posibilidad de encontrarnos en clase para producir algo, para aprender algo, para irnos con el disfrute del intercambio. Todo es contacto, y ese "toco y me voy" parece dominar algo más que algunas pantallas. Tal vez despiadados bichos ya han marcado los distintos modos de ¿vincularnos? Nadie puede negar lo que soluciona un celular en la ¿comunicación? No se trata de hacer campaña por Thoreau y huir a los bosques....pero probó Ud. encontrarse sin celular por un rato. Se puede tomar como medida la cara de mi alumna descubierta en su abducción, diciéndome ..."es un celular, estúpido".
Las tecnologías son en definitiva espejos y vienen bien para justificar nuestra negación de la realidad, externa e interna. Su seducción es mucha y prácticamente irresistible. Educamos los adultos en mirar para otro lado, o en alentar algo que oficie como nuevo chupete, la otra tele, la transportable. No es menudo tema. ¿sabemos como afecta nuestro cuerpo?, ¿sabemos como nuestra psiquis se ha transformado? ¿sabemos los efectos que viene produciendo en nuestra vida de todos los días? La realidad es que nos ha ganado su naturalización y se puede ver en muchos jóvenes un feroz cuestionamiento a nuestra desubicación pidiendo recreo de los despiadados tiranos. Es primordial imponernos otros momentos sin redes, ni contactos, ni pantallas, con más naturaleza, más mirarnos, más rescate de la propia interioridad. Desconectados. Aunque cueste y lo primero que sintamos es el vacío. Si no hay vacío, no hay creación posible. Y ahora, perdonen que abandone este momento, está vibrando mi bolsillo y me recuerda que no puedo vivir sin la dosis suficiente. No es nada fácil, no?

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