UN AÑO DE BOTELLAS AL MAR




Ha pasado un año en éste, un espacio más de expresión, de la instintiva necesidad de ser algo en nuestro paso fugaz por la vida. Sentido ilusorio de eternidad. Ha pasado un año de trazos propios, que se pierden en el cibermar para salir de la nada y convertirse en casi nada. Como náufragos, nos asimos de sentidos que puedan acompañar la pena. Y sonreímos como exorcizando males y penurias preparándonos para un nuevo año en un mundo cada vez más viejo y sin novedades. Algunos pensamos que ya nada era como antes, y que la nostalgia solo confirma que es imposible regresar, ya no seremos los mismos. Y ese progreso indefinido tan moderno muestra harapos. Si hay un mundo nuevo, cuesta verlo. Y así, entre lo viejo idealizado, añorado y casi enterrado y lo futuro irreconocible, navegamos. Mejor dicho naufragamos. Inventándonos tablas, enviando mensajes a alguien, que desde algún lugar, comparta nuestra soledad. Inseguros, miedosos, insatisfechos, ansiosos, angustiados, violentos y con dificultad de a quien echarle la culpa. Pero siempre hay otros a mano que simplifican la causa de nuestro sufrir. ¿Será que habrá que aprender a jugar como lo decía Graciela Scheines? Correr los escombros, generar un espacio vacío y volver a construir, hasta nuevo aviso. Entre lo que ya fue, y lo que aún no puede ser, jugar. Tal vez el jugar, génesis de la creación artística sea la mentira más verdadera. Contra todo lo que creen los señores eternos importantes, todo pasa y nada queda. Para los que se la creen, para los que dejan sus vidas por el poder, el éxito, el consumo enfermizo y filman sus viajes exóticos, inevitablemente todo se corrompe. Solo se trata de jugar, mejor junto a otros. Con otros, no sobre otros. Y sentir por momentos que vale este momento y esta libertad. Solo se trata de jugar, solo por jugar. En este caso, a arrojar botellas al mar. FELIZ 2.010 !!!