BIENVENIDOS!

Venecia es una ciudad muy cercana a la ensoñación. Recorrerla de noche es entrar en un mundo de tenues luces y misterio. El caminante ensaya una constante sorpresa al recorrer sus laberintos. Diseñando, descubriendo recorridos en una infinita combinación de pasos. Vale la pena jugar a perderse. Porque perderse es encontrarse. Podría decirse que su juego se acerca al juego de la vida. Hoy, sábado 8 de Noviembre de 2.008 comienzo a generar trazos, huellas en este blog. Pronto podré subir poesías (propias, ajenas y apropiadas), imágenes, cuentos, humor, información sobre teatro. Y buenas sorpresas. LOS INVITO A PERDERSE EN ESTE BLOG.

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SALIR DE SHOPPING ESPIRITUAL - por marcelmaina



Los tiempos aceleran intercambios y nos abren a nuevas perspectivas de viajes interiores, es posible combinar rituales de pueblos originarios de América con mantras de la India, técnicas milenarias japonesas con artes varias chinas. Y así sucesivamente y en aumento. Desde un punto de vista es bueno ver la apertura y diálogo que se viene produciendo. Procesos de sincretismo globales. Finales y comienzos de la historia siempre alentaron la búsqueda, el retorno, las nuevas e inéditas fusiones. Pero también esta búsqueda devela su lado más patético, la superficialidad con la que cientos de personas pasan de un curso a otro sin profundizar nada. Hice no sé cuantos niveles de Reiki, probé con las plantas sagradas, uso el péndulo, revisé las profecías mayas, pasé por la astrología y me queda peyote. ¿Lo de los chakras? Ah, dice un nuevo maestro que ya no van más. La compulsividad ha ganado también, con crecimiento exponencial, una nueva cultura new age agravada, con fuerte afán coleccionista de experiencias fascinantes, para que al final de igual, los otros tienen que cambiar, yo ya lo sé. Sabemos un poco de todo y sin embargo habitamos lugares sin historia para nosotros. ¿Hay conexión desde el corazón? Cientos de iniciados miran a sus semejantes inquisidoramente, asegurando que los otros no son felices como ellos, que la tienen muy clara y que saben traducir las enseñanzas egipcias, sumerias, indias, celtas, cristianas, para confluir que ya lo tenían claro y que debe ser una memoria de otras vidas. Traducen rápidamente caras de amargura en estúpida sonrisa de nada me afecta y vivo en la alegría. Superficialidad, soberbia, úsalo y tira, las nuevas líneas de un paseo por el shopping espiritual.

EL ARTE COMO FIESTA - Hans-Georg Gadamer


Si hay algo asociado siempre a la experiencia de la fiesta, es que se rechaza todo el aislamiento de unos hacia otros. La fiesta es comunidad, es la presentación de la comunidad misma en su forma más completa. La fiesta es siempre fiesta para todos. Así, decimos que «alguien se excluye» si no toma parte. No resulta fácil clarificar la idea de este carácter de la fiesta y la experiencia del tiempo asociada a él. Los caminos andados hasta ahora por la investigación no nos ayudan mucho en ello. Hay, sin embargo, algunos investigadores de relieve que han dirigido su mirada en esta dirección. Recordaré al filólogo clásico Walter F. Otto, o el húngaro-alemán Karl Kerényi . Y, por supuesto, la fiesta y el tiempo de fiesta han sido propiamente, desde siempre, un tema de la teología.

Tal vez podríamos comenzar por esta primera observación: se dice que «las fiestas se celebran; un día de fiesta es un día de celebración». Pero, ¿qué significa eso? ¿Qué quiere decir «celebrar una fiesta»? ¿Tiene «celebrar» tan sólo un significado negativo, «no trabajar»? Y, si es así, ¿por qué? La respuesta habrá de ser: porque evidentemente, el trabajo nos separa y divide. Con toda la cooperación que siempre han exigido la caza colectiva y la división social del trabajo, nos aislamos cuando nos orientamos a los fines de nuestra actividad. Por el contrario, la fiesta y la celebración se definen claramente porque, en ellas, no sólo no hay aislamiento, sino que todo está congregado. Lo cierto es que ya no somos capaces de advertir este carácter único de la celebración. Saber celebrar es un arte. Y en él nos superaban ampliamente los tiempos antiguos y las culturas primitivas. ¿En qué consiste propiamente ese arte?, se pregunta uno. Está claro que en una comunidad que no puede precisarse del todo, en un congregarse y reunirse por algo de lo cual nadie puede decir el porqué. Seguramente, no es por azar que todas estas expresiones se asemejen a la experiencia de la obra de arte. La celebración tiene unos modos de representación determinados. Existen formas fijas, que se llaman usos, usos antiguos; y todos son viejos, esto es, han llegado a ser costumbres fijas y ordenadas. Y hay una forma de discurso que corresponde a la fiesta y a la celebración que la acompaña. Se habla de un discurso solemne, pero, aún más que el discurso solemne, lo propio de la solemnidad de la fiesta es el silencio. Hablamos de un «silencio solemne». Del silencio podemos decir que se extiende, como le ocurre a alguien que, de improviso, se ve ante un monumento artístico o religioso que le deja «pasmado». Estoy pensando en el Museo Nacional de Atenas, donde casi cada diez años se vuelve a poner en pie una nueva maravilla de bronce rescatada de las profundidades del Egeo. Cuando uno entra por primera vez en esas salas, le sobrecoge la solemnidad de un silencio absoluto. Siente cómo todos están congregados por lo que allí sale al encuentro. De este modo, el que una fiesta se celebre nos dice también que la celebración es una actividad. Con una expresión técnica, podríamos llamarla actividad intencional. Celebramos al congregarnos por algo y esto se hace especialmente claro en el caso de la experiencia artística. No se trata sólo de estar uno junto a otro como tal, sino de la intención que une a todos y les impide desintegrarse en diálogos sueltos o dispersarse en vivencias individuales.

Preguntémonos por la estructura temporal de la fiesta y si, partiendo de ella, podemos abordar el carácter de fiesta del arte y la estructura temporal de la obra de arte. Una vez más, podemos seguir el método de la observación lingüística. Me parece que el único modo riguroso de hacer comunicables las ideas filosóficas es subordinarse a lo que ya sabe la lengua que nos une a todos. Y, así, de una fiesta decimos que se la celebra. La celebración de una fiesta es, claramente, un modo muy específico de nuestra conducta. «Celebración»*: si se quisiera pensar, hay que tener un oído muy fino para las palabras. Claramente, «celebración» es una palabra que explícitamente suprime toda representación de una meta hacia la que se estuviera caminando. La celebración no consiste en que haya que ir para después llegar. Al celebrar una fiesta, la fiesta está siempre y en todo momento ahí. Y en esto consiste precisamente el carácter temporal de una fiesta: se la «celebra», y no se distingue en la duración de una serie de momentos sucesivos. Desde luego que se hace un programa de fiestas, y que el servicio religioso se ordena de un modo articulado, e incluso se presenta un horario. Pero eso sucede sólo porque la fiesta se celebra. También se puede configurar la forma de su celebración del modo que podamos disponer mejor. Pero la estructura temporal de la celebración no es, ciertamente, la del disponer del tiempo.

Lo propio de la fiesta es una especie de retorno (no quiero decir que necesariamente sea así, ¿o, tal vez, en un sentido más profundo, sí?). Es cierto que, entre las fiestas del calendario, distinguimos entre las que retornan y las que tienen lugar una sola vez. La pregunta es si estas últimas no exigen siempre propiamente una repetición. Las fiestas que retornan no se llaman así porque se les asigne un lugar en el orden del tiempo; antes bien, ocurre lo contrario: el orden del tiempo se origina en la repetición de las fiestas. El año eclesiástico, el año litúrgico, pero también cuando, al contar abstractamente el tiempo, no decimos simplemente el número de meses o algo parecido, sino Navidad, Semana Santa, o cualquier otra cosa así. Todo ello representa, en realidad, la primacía de lo que llega a su tiempo, de lo que tiene su tiempo y no está sujeto a un cómputo abstracto o un empleo de tiempo.

Parece que aquí se trata de dos experiencias fundamentales del tiempo. La experiencia práctica, normal, del tiempo es la del «tiempo para algo»; es decir, el tiempo de que se dispone, que se divide, el tiempo que se tiene o no se tiene, o que se cree no tener. Es, por su estructura, un tiempo vacío; algo que hay que tener para llenarlo con algo. El caso extremo de esta experiencia de la vaciedad del tiempo es el aburrimiento. En él, en su repetitivo ritmo sin rostro, se experimenta, en cierta medida, el tiempo como una presencia atormentadora. Y frente a la vaciedad del aburrimiento está la vaciedad del ajetreo, esto es, del no tener nunca tiempo, tener siempre algo previsto para hacer. Tener un plan aparece aquí como el modo en que el tiempo se experimenta como lo necesario para cumplir el plan, o en el que hay que esperar el momento oportuno. Los casos extremos del aburrimiento y el trajín enfocan el tiempo del mismo modo: como algo «empleado», «llenado» con nada o con alguna cosa. El tiempo se experimenta entonces como algo que se tiene que «pasar» o que ha pasado. El tiempo no se experimenta como tiempo. Por otro lado, existe otra experiencia del tiempo del todo diferente, y que me parece ser profundamente afín tanto a la fiesta como al arte. Frente al tiempo vacío, que debe ser «llenado», yo lo llamaría tiempo lleno, o también, tiempo propio. Todo el mundo sabe que, cuando hay fiesta, ese momento, ese rato, están llenos de ella. Ello no sucede porque alguien tuviera que llenar un tiempo vacío, sino a la inversa: al llenar el tiempo de la fiesta, el tiempo se ha vuelto festivo, y con ello está inmediatamente conectado el carácter de celebración de la fiesta. Esto es lo que puede llamarse tiempo propio, y lo que todos conocemos por nuestra propia experiencia vital. Formas fundamentales del tiempo propio son la infancia, la juventud, la madurez, la vejez y la muerte. Esto no se puede computar ni juntar pedazo a pedazo en una lenta serie de momentos vacíos hasta formar un tiempo total. Ese flujo continuo de tiempo que observamos y calculamos con el reloj no nos dice nada de la juventud y de la vejez. El tiempo que le hace a alguien joven o viejo no es el tiempo del reloj. Está claro que ahí hay una discontinuidad. De pronto, alguien se ha hecho viejo, o de pronto, se mira a alguien y se dice: «Ya no es un niño»; lo que ahí se percibe es el tiempo de uno, el tiempo propio. Pues bien, me parece que es también característico de la fiesta que por su propia cualidad de tal ofrece tiempo, lo detiene, nos invita a demorarnos. Esto es la celebración. En ella, por así decirlo, se paraliza el carácter calculador con el que normalmente dispone uno de su tiempo.  ( de La actualidad de lo bello, H. G. Gadamer)

La minga -fiesta comunitaria entre familias de comunidades andinas.

PARIR MADRES - por marcelmaina



Cincuenta largos, enfermar o renacer.
Es tiempo de parir madres
para  ser lago en el aquí ahora,
sin la presencia triste del medio vaso vacío,
ser cáliz que se llena en la no espera.
Difícil para los eternos buscadores de afecto
aceptar la patria sin vientre.
Difícil para los huérfanos errantes
encontrar tierra que abrigue.
Difícil para los desapegados natos,
desapegarse.
 Puedo seguir pidiendo,
lo que nunca llegará,
lo que el tiempo no regresará.
La paz llega con la piel que se cambia..
Puedo ser caricia, cuna, calor,
 volver al afecto que libera,
en tantos cuerpos que somos.
En mi cuerpo.
Puedo continuar el odio,
ante tantos dolores silenciados
o abrazarlos y ser arte,
traer desde el vacío
a ese niño, 
que solo quiere jugar
y se apresta a parir madres.
Para ser solo canción.

FLÂNEUR - por Walter Benjamin


"¿Por qué nos gusta tanto habitar las ciudades? "
Italo Calvino -Ciudades Invisibles

       

  "Su ojo abierto, su oído preparado, buscan otra cosa distinta a la que la muchedumbre viene a ver. Una palabra dicha al azar le va a revelar uno de esos rasgos de carácter que no pueden inventarse y que hay que tomar del natural; esas fisonomías tan ingenuamente atentas van a proporcionar al pintor una expresión que él soñaba; un ruido. insignificante para cualquier otro oído, va a llamar la atención al del músico, y a darle la idea de una combinación armónica; incluso al pensador, al filósofo perdido en sus reflexiones, esa agitación exterior le es beneficiosa, porque mezcla y sacude sus ideas, como hace la tempestad con las olas del mar"
Definición de flâneur en El Libro de los Pasajes de Walter Benjamin.




Sobre la base de Fournel, y en su análisis de la poesía de Baudelaire, Walter Benjamin describió el flâneur como la figura esencial del espectador moderno, urbano, un detective aficionado e investigador de la ciudad. Más que esto, su flâneur es un signo de la alienación de la ciudad y del capitalismo. Para Benjamin, el flâneur encontró la muerte con el triunfo del capitalismo de consumo. 
En las décadas de Benjamin, el flâneur ha sido objeto de un notable número de créditos y de la interpretación. La figura del flaneur se ha utilizado, entre otras cosas, para explicar la experiencia moderna, urbana, para explicar espectador urbano, para explicar las tensiones de clase y las divisiones de género de la ciudad del siglo XIX, para describir la alienación moderna, para explicar las fuentes de la cultura de masas, para explicar la mirada de espectador posmoderno y ha servido como fuente de inspiración para escritores y artistas. (fuente Wikipedia)

CLUNY: LA DAMA DEL UNICORNIO- Continuación -por Antonio Capriotti


 

Escaleras arriba, espera, desde hace años, la Dama del Unicornio. Rilke tomó debida nota en sus cuadernos. (Todos deberíamos agradecerle a Georges Sand su celo en cuidar las telas; y en hacérnoslas conocer). Casi un milagro: están como cuando el más anónimo de los artesanos las concibiera hacia finales del Siglo XV. El ambiente que alberga a las telas es redondo. Parece que, Dama y Unicornio, león y doncella, nos abrazaran, invitándonos a su bucólica ronda.
Ella, la Dama, se repite en la obvia reiteración de los sentidos. La Dama y su doncella, su entrometido unicornio, el ingenuo paisaje, el león de cara redonda, se esconden tras sus obedientes figuras. 
Podemos escoger cualquiera, aunque la disposición de las telas, el ambiente con luz cuidada, la arquitectura, nos condicionan a caminar al compás de los sentidos. El primero: ¿el más cerebral? El olfato. Es como oler recuerdos, leyes, razonamientos. Inhalamos; y el olfato se abandona a la sensualidad del momento. La Dama se entretiene y teje una corona de flores. Se dispone a oler una rosa.

                                       EL OLFATO

Dispuestos a ver, nos dejamos trasladar a la segunda tela. Nuestra visión se ajusta. Entonces recién vemos: la Dama, rostro compungido, arrodillada, deja que el unicornio descanse sus patas delanteras en sus flexionadas piernas, mientras sostiene el espejo que refleja, del unicornio,  su ilusoria testa. Blandiendo en lo alto, el estandarte con la insignia de las tres lunas en cuarto menguante apuntando a las alturas, embelesado, hace escapar su mirada el león. La ternura de la dama contrasta con la mirada desalmada del león. La Dama con los ojos entornados, da por obvia la respuesta del espejo a la mundana mirada del unicornio. 

LA VISTA

Apacible y desafiante; segura y circunspecta, ahora, la dama se ocupa de asir, con su mano derecha, el simbólico estandarte; mientras que, con la izquierda, acaricia con recatada sensualidad, la fantástica protuberancia. Ritual mágico. Pasos de un  ceremonial cargado de sensualidad, simbolismo, promesas...  

 
EL TACTO

Otra de las telas se encarga de mostrarla inmóvil, señorial, en el centro de la escena, con los dedos de una de sus manos adentrándose en el cáliz enorme, y en la otra mano, hace equilibrios una frágil ave que aletea. Unicornio y león ostentan, engreídos, sus estandartes, luciendo capas que dejan ver, tras sus dobleces, las lunas incompletas, dentro de la reiterada franja azul, mientras la Dama se dispone a llevar un dulce a la boca. Nos invita a masticar. A disolver lentamente en nuestras lenguas el dulce bocado. La cesta descansa a un lado, y la niña no deja de mirarla mientras sus brazos firmes, amarran el cáliz. 

EL GUSTO
                                    
Silencio. Apacible y dispuesto a convertir dedos ágiles en notas estiradas como gotas de miel, el pequeño órgano, montado sobre una mesa con tapiz oriental, se ofrece por igual a la Dama y a su doncella. Se deja escuchar una rapsodia sin estridencias, como cientos de gotas de lluvia golpeando contra el suelo.

EL OIDO

Todo parece concluir. Ya desfilamos ante los cinco sentidos; aunque aún se nos ofrece otra tela: en ella, la Dama blande  un collar de perlas que hace emerger de una tabaquera que sostiene la doncella. En las otras telas, artificiosos collares, cadenas y crucifijos,  rodean su cuello. Ahora es como si intentara desprenderse de ellos. Como si todo ornamento no fuera más que un estorbo que entorpece los sentidos. Como si nos dijera: “para poder sentir, toda la civilización deberá esperar.”
Desde el centro la vemos emerger a la Dama de una redonda tienda. Ambos, unicornio y león, sostienen las puntas de la lona, para mantenerla abierta, mientras la doncella le ofrece a nuestra Dama el neceser.  
A mon seul désir. Parece ser su único deseo. Despojarse. ¿Para qué? Tal vez la respuesta esté en lo que representa el unicornio como animal mítico, fabuloso y extravagante: ¿un sensual encuentro?    

Afuera, como es la costumbre en esta época del año, llueve sin apuro sobre una París algo nostálgica y discreta.

NOTA DEL PRESENTADOR:

El último de ellos es un misterio por desevelar .
 Es posible que represente al  Sexto Sentido
a quién aún nadie ha puesto nombre 

 y  la frase que lo preside un enigma sin descifrar que ha dado lugar a muy diversas interpretaciones 
"A mon seul désir"
A mi único deseo

Descubiertos por Prosper  Mérimeé  
en el Castillo de Boussac en 1841 
 los podemos encontrar  en el Museo de Arte de Cluny
... y contemplarlos sí que es un verdadero placer
 para los Sentidos 

CLUNY: LA DAMA DEL UNICORNIO- por Antonio Capriotti


Cluny de hoy es de piedra y madera - madera nueva -.
Es una sombra sin sobresaltos de la edad media, alargada por soles decadentes. Cluny es, también, la tibieza de sus aguas. Aguas surgentes, aventadas desde el pandemónium por un enconado lucifer.  Aguas saltarinas, baños subterráneos para cuerpos de guerreros en reposo. Siglos después, los monjes ascetas, esconderán la lujuria, bajo un manto de piedras.

Cluny es un ojo alargado que nos alcanza la Edad Media.

Cuando Paris era Lutetia, sobre la “ribera izquierda” del Sena, la luz se expandía a chorros de agua sobre los cuerpos alertas. El Imperio latía con diástoles sincopadas, se infiltraba por Europa como una masa líquida,  incontenible. Pero, todos lo sabemos, los imperios se desmoronan, justo, cuando más se expanden.

Una vez retirado el Imperio, los pueblos “bárbaros” sepultaron, con paciencia y constancia, piedra a piedra, la osadía romana y, también, sus baños, el libidinal lugar de augurios y supersticiones. Parecían cumplirse las drásticas profecías. “Arderán cientos de Juanas; se abrirán los canales normandos, rodarán cabezas, las hadas celtas cargarán en sus espaldas, los calderos repletos de sueños y las frágiles barcas soportarán el diluvio.”

Cluny fue la tonsura de París, el solaz de los epicúreos, la bravura de los galos, el desdén de los abades; la rudeza indiferente de las piedras. Este París de hoy,  contesta con igual indiferencia: ubicado frente a La Sorbona, enmarcado en la mundana intersección  de los boulevares Saint Michel y Saint Germain, se hizo inmune a la cotidiana apatía. Cluny, sin embargo,  resiste. No deja de latir al ritmo de un puño guerrero. Cluny es el vientre de París. Indigesto como toda memoria.

Cluny desbarata cualquier estrategia. El sendero que lo rodea es angosto. Es preciso rondar  esos  muros en forma de U pretenciosa, alargada como dos piernas abiertas hacia la salida del Sol. Así recibe Cluny; vestido de monasterio de la mediana edad. Es conveniente circundarlo. Acariciar la verja de cobre que resguarda el jardín de l´hotel.



Una vez acabada esa fría fiesta del tacto nos espera el ardor de la piedra. El ingreso: basto y pesado es el portal semiabierto, goznes gigantes, bisagras de hierro renegridas y firmes; el patio interior, piso de piedra; cuesta tan poco imaginar a los monjes entre la gente,  en ir y venir, despreocupados por el tiempo. Podemos optar por  una puerta interna, ésta es un triste injerto, desconoce, como los imaginarios monjes, la alcurnia del tiempo.

Ahora sí, se asoma Cluny, y en ese cifrado encuentro, se descubre, se entrega. La intuición tiene, a veces, ciertas reservas. En el descuido, aprovecha  para colarse, ese olor lejano a mirra, a incienso; a madera huele, a ropa vieja. A años. Nos arrebata el olor a leyendas pretéritas. Olor a memorias erizadas. A vino agrio. Olor a guerras. Olor a iglesias. - París, años más tarde, valdrá una misa. Y será, mucho después, una fiesta -. Festejo de un encuentro para nada fortuito. Es como obliterar el tiempo, lámina traslúcida, para convertirlo en capa delgada; en gemido nocturno; quizás, en helada aventura. En la veleta se han quedado enganchados jirones de noches pasadas; y, adentro, por los cuartos se dejan escuchar los ruidos desencajados de armaduras, y sus roces metálicos con las graves espadas. Cluny se esconde a la vista del mundo que se deja encandilar por esta frívola París. En su intimidad se reproduce la luz de aquélla Lutetia. No obstante haber sido luz incierta, permitía ver lo necesario e imaginar, de entre las sombras, los recovecos. Luz inquieta; danzaba sobre los objetos haciéndolos desaparecer. Trampeaba. Una incitación a seguir hurgando. Como Platón, con las sombras en las cavernas.

Crujen los escalones de madera – madera nueva -, como si se quebraran en nuestros oídos, cientos de ramas secas, pisoteadas por una manada de ciervas en celo. Escaleras abajo se descuelga de las paredes, como venas sobresaltadas, la artificiosa cañería del  ingenio romano. La caldera, los piletones sesgados por los siglos. Los restos indisimulados de aquella herencia pesada. Los fantasmas que, indiscretos, todavía la sobrevuelan,  presentándose con toda su encomiosa osadía.
Cluny no se altera. Sabe que logrará asombrarnos. Espera, mientras, desenfadados, los escalones de madera, nos señalan como a intrusos. 

continuará.......

RICHARD SENNET: Comprender las prácticas cotidianas en la cultura del capitalismo.



¿QUIÉN ES RICHARD SENNETT?

Richard Sennett nació en 1947 en uno de los barrios más pobres de Chicago y se destacó en su juventud como solista de cello. 

Sennett es quizás uno de los principales exponentes de la vida académica americana contemporánea. Se graduó en las Universidades de Chicago y Harvard, donde obtuvo su Doctorado .
Residió en Boston, Londres y Nueva York y realiza investigaciones alrededor del mundo. El historiador y sociólogo Richard Sennett es una de las autoridades mundiales en procesos urbanos, tanto que ha sido convocado recientemente para dirigir un programa conjunto entre el MIT y Harvard (donde estudió) sobre ciudades. 
Sennett ha hecho una llamativa carrera a partir de la exploración de los intersticios existentes entre la sociología académica, la historia intelectual de la moda y la crítica social de corte vagamente izquierdista. No obstante, es probablemente más conocido por sus estudios sobre los lazos sociales en las ciudades y los efectos que la vida urbana tiene en los individuos en el mundo moderno.
Enseña en la New York University y en la London School of Economics, es miembro de la Academia Americana de Artes y Ciencias, la Sociedad Real de Literatura, la Sociedad Real de las Artes y la Academia Europea. Ha sido miembro también del Centro de Estudios Avanzados en Ciencias del Comportamiento y Presidente del Concejo Americano de Trabajo. Es el fundador del Instituto de Humanidades de Nueva York, que ha reunido a notables figuras –como Susan Sontag, Thomas Kuhn, Joseph Brodsky y Michel Foucault.
Ha sido galardonado con los premios Amalfi y Ebert de Sociología y recientemente –en 2006 – ha sido distinguido en Alemania con el Premio Hegel..Recibió en 2004 el premio a la trayectoria de la Asociación Norteamericana de Sociología (de la entrevista que le hiciera Claudio Benzecry en Clarín).
Sus libros recientes han retomado la línea de uno de sus primeros trabajos: "The Hidden Injuries of Class", indagando la relación entre reconocimiento, identidad, trabajo y persona. Actualmente, Sennett se encuentra trabajando la temática del craft –término en inglés de difícil traducción que abarca tanto la habilidad manual como la comprensión mental que una tarea requiere 
DICE EN "EL DECLIVE DEL HOMBRE PÚBLICO" (1.974):
"La ciudad es el instrumento de la vida impersonal, el molde en el cual se vuelve válida como experiencia social la diversidad y la complejidad de las personas, intereses y gustos. El temor a la impersonalidad es la fractura de dicho molde. (La ciudad) debería ser el foro en el cual se vuelva significativo reunirse con las personas sin la compulsión de conocerlas como tales. No creo que sea un sueño inútil: la ciudad ha servido como foco para la vida social activa, para el conflicto y el juego de intereses, para la experiencia de la posibilidad humana, durante la mayor parte de la historia del hombre civilizado. Pero precisamente esa posibilidad civilizada se encuentra hoy adormecida"
PARA RECOMENDAR DEL MISMO AUTOR:
La  autoridad
Carne y piedra
El respeto
La cultura del nuevo capitalismo.

LOS NIETOS - por Manuel Vicent



Tienen menos de 30 años. Nacieron cuando Franco ya había muerto. Para unos era solo el nombre de un fantasma que se pronunciaba con un rencor envasado en la sobremesa familiar; para otros ni siquiera eso, un par de líneas en la asignatura de Historia. Son los nietos del desastre de la guerra civil. Durante la primera etapa de la Transición todavía jugaban con muñecas, iban al parque con patines y adornaban con pegatinas de Snoopy las tapas de sus cuadernos. Después comenzaron a oír por todas partes que en España la salida de la dictadura había sido una obra maestra de la democracia y que el resto del mundo admiraba ese milagro. Sus padres, si eran de izquierdas, callaban, lo daban por bueno; si eran de derechas, lo celebraban como una conquista propia; pero algunos maestros explicaron a estos jóvenes que la Transición tan modélica solo había sido un pacto tácito entre dos miedos. Muerto el dictador, la derecha creía que los comunistas tenían minadas todas las alcantarillas de la sociedad; en cambio, la izquierda temía que los militares podían levantarse cualquier día para plancharla de nuevo. Se produjo un difícil equilibrio entre las dos fuerzas contrarias, cada una con las heridas del pasado abiertas todavía. Ambos bandos se neutralizaron mutuamente con un deseo inapelable: todo menos matarse otra vez, cualquier engendro político es preferible a otra tragedia. La izquierda sumida en un complejo de Estocolmo cedió mucho más en este equilibrio inestable. Las cunetas y barrancos estaban llenos de ejecutados que lucharon en el bando republicano. Desde la postguerra sus hijos no habían osado romper el silencio al que fueron obligados ni habían logrado sacudirse el terror de encima, pero habían conquistado derechos y amnistías, escaños en el Parlamento e incluso el poder en el Gobierno. Hay que dejarlo correr, dijeron. Pero los nietos de la izquierda, que no conocieron la dictadura, no se sienten obligados por el subconsciente a agradecer nada. Quieren que sus antepasados enterrados en barrancos y cunetas sean exhumados con honor para que sus almas reposen en paz y no vaguen como una sombra negra sobre la memoria colectiva. No se trata de política. Es solo una moral: están representando sin complejos la tragedia de Antígona.

EL ALMA DE LOS OBJETOS - por marcelmaina



Me encanta coleccionar objetos, muñecos, títeres, objetos raros, texturas. Me encanta para estos días regalar objetos inútiles. Uno de ellos me acompañó en mi infancia en momentos de destierro interior: un boxer de porcelana. Vaya a saber que representaba para mi ese rígido can de mofletes prominentes. Lo había apoyado en una suerte de repisa en ese ambiente comedor transitado donde mis viejos habían ensayado un lugar posible para mi cama y algunas pocas chucherías. Me costó mucho siempre sentir un lugar, mi lugar. Aún cuesta.  Sin embargo, ese objeto, como otros, despertaban en mi la tranquilidad de sentirme de alguna manera protegido. Era mi perro, que alguna vez logré tener de carne y hueso. Aún lo tengo, un poco averiado, sin oreja y con una pata pegada como se pudo. No paré en mis colecciones. Más de una vez, esposa, hijos y quien debe quitar el polvo, reniegan y prometen que irán poco a poco despareciendo. Pero resisten. A eso me ayudaron, como un ejército de gladiadores pelean desde su inutilidad y simple belleza contra tantas penas y soledades difíciles de llevar sino fuera por mis objetos. Cuando los regalo pienso que hay algo de niño en eso. Más de uno dirá: ¿este es mi regalo? A veces logro convencerlo de que espere a la noche, prenda la luz y lo mire. Descubrirá que algo de vida profunda hay en lo inerte e inútil. Tal vez la mano que les dio forma también les dio alma.

GESTOS DE VIDA, GESTOS DE MUERTE, por marcelmaina



Hay tiempos en que las instantáneas de la muerte asoman para recordarnos. Muertes cercanas, muertes lejanas. Tiempos que terminan, adioses. No sé si hay tiempo de vida o de muerte, creo que hay un difícil equilibrio desequilibrado donde la presencia de unos u otros impulsos surcan este incierto y frágil viaje del vivir.



GESTOS DE VIDA, GESTOS DE MUERTE


Se me murió,
alguien cerca, alguien lejos.
Se me murió.
Se me murió en el cuerpo,
esos otros tan cerca,
la sensación del tiempo que siempre,
la de mañana es posible,
 la de tal vez,
la de la espera.
La espera esperanza,
se me murió.
De tantas muertes
Y de tantos olvidos,
de tantas penas apenadas,
se me murió la palabra y el silencio.
Allí,
en ese punto muerto,
con tanto miedo a nombrar,
solo un par de gestos descuidados
vuelven a mentir la vida.



LUCES DE LA CIUDAD - por marcelmaina


Las ciudades construyen en su franca materialidad, definida por espacios, líneas, oportunidades, puentes y muros, políticas. Políticas en las piedras y el aire. Escenario de múltiples escenarios. Mucho se parecen las actuales políticas en su construcción de poder, en lo que venden, en lo que hacen presente a la luz mediática, y en lo que dejan sin luz. Las ciudades muestras descarnadamente las decisiones políticas, qué aparece y se realza, que se deja en penumbra, que desaparece. La ciudad es un espacio a vender. Y a hacer negocios. Muchos escenarios se repiten. Todo se vende, y hay que saber vender. No importa lo que las cosas son sino lo que pueden parecer. Están los hombres de negocios jugando a la política de negocios, y estamos los que compramos, los que zafamos, los que consumimos tranquilizantes, sean pastillas o bienes dadores de eternidad, los que convenimos. Los que participamos de las fiestas, aunque sea sin entrar a ellas, desde la puerta, a la salida de los famosos. Actores todos de breves y entretenidas farsas. Los argentinos además estamos poco, muy poco indignados. Estamos casi conformes, mientras algunos en esta farsa tengamos nuestro puto lugar en el mundo. El show debe continuar, muchos, casi todos, esperamos que a ningún autor se le ocurra escribir: apagón final.

CIUDADES INVISIBLES - por marcelmaina




¿QUÉ CIUDAD SE VE, CUAL NO?
¿QUÉ CIUDAD RINDE, CUÁL MOLESTA?
¿EN QUÉ CIUDAD SE INVIERTE, EN CUÁL NO QUIERE GASTARSE?
¿DE QUÉ CIUDAD HABLAMOS, DE CUÁL NO QUEREMOS HABLAR?
¿QUÉ CIUDAD ESTÁ PRESENTE, CUÁL PREFIERE OLVIDARSE?
¿QUÉ CIUDAD RECONOCEMOS, CUÁL IGNORAMOS?
¿CUÁNTO VALE UNA VIDA EN UNA U OTRA CIUDAD?

EDUARDO GALEANO Y LOS INDIGNADOS


PARADOJAS - Germán Caporalini



Germán Caporalini es psicólogo, escritor. Algo de su producción se encuentra en
http://www.ellibrodelossalvados.blogspot.com/




Con algunos imposibles de sostener
en un mundo probable y diferente
habrá que recuperar el sentido propio,
como si lo fundamental fuese diseñar
una cartografía de la propia persona
regida por el orden lógico
de una simple enunciación.
Exigimos a mansalva
cierta articulación de todo
pero somos sólo artífices de conceptos
desde algún incierto lugar,
(como si viniese de otro lado, otro mundo)
pues aún partiendo de un episodio
 fuera de un escenario común
podrás trabajar sobre un mapa conocido,
un paisaje en pleno movimiento
como si la repetición y la diferencia lógica
fueran un campo de exterminio,
deconstrucciones en pleno devenir
que le dan sentido a todo.
Defendemos una disciplina propia
un principio de texto explicativo,
ante un episodio superado;
solo para invertir dos términos
cuando estallan algunos interrogantes,
mientras sueñas para la complejidad humana
la evolución en ese territorio.

“Una ciudad se convierte en un mundo cuando se ama a uno de sus habitantes”




Antonio Capriotti en El Cairo



¿Quién es Antonio Capriotti?
 Incansable viajero de paisajes, personajes y las profundidades del alma. Periodista, escritor e inigualable entrevistador. Va aquí algo de sus reseñas de un viaje por la ruta de Edipo.

Es Septiembre,  y hace calor en El Cairo.
El Cairo tiene gente de todo Egipto. Migrantes del sur, con sus costumbres y sus tradiciones, y gentes del mundo que en El Cairo se mezclan. En su aeropuerto también. Cuando la  espera se alarga, es fácil entrar en conversación con extraños a punto de dejar de serlo porque van a compartir un vuelo de 4 horas.
“Vivo en El Cairo y vivo como una musulmana. Soy española” – no hubiese sido necesaria la aclaración -, “de Sevilla, y me enamoré de un Egipcio. Y acá estoy, a su lado”.
Inconfundible su acento andaluz; de estatura baja, va vestida a lo occidental y se la ve exultante: “Me tomo unos días de vacaciones en Europa con unas amigas”, dice.
¿Y tu marido?
“Se queda a atender el negocio”, mientras cuenta que el de ellos es un negocio de electrodomésticos con 10 empleados.
¿Y la familia de él te aceptó?
La respuesta viene detrás de una sonrisa, “Y…sí”.
El Cairo está atravesado por muchas culturas…
La fila para acceder al vuelo con destino a Atenas se mueve con melosa lentitud. Dejar a El Cairo después de haber recorrido parte Egipto exige un esfuerzo extra: recordar.  Y al viajero se le mezclan y confunden los nombres de faraones, templos, reyes y conquistadores, lugares de nombres entrecortados.
El Cairo  es una ciudad doliente. Y enigmática. Todo en El Cairo parece vetusto. Hasta aquello que todavía no se ha inaugurado, ya aparece envejecido. Será porque prevalece el color áspero de la arena. Hay algo que irrita en El Cairo. La gente que habla a los gritos;  quienes viven del turismo rodeando al viajero con la persistencia de quien sabe que se va a salir con la suya.
Como cintas aéreas, las autopistas la cruzan a El Cairo con desdén y urgencia. Tráfico caótico. Vértigo. Todo allí se desliza con apuro porque lleva mucho tiempo trasladarse de un sitio a otro. Y dejarse llevar por estas cintas gigantes es meterse en las entrañas de la ciudad; y, allí, se muestra, desnuda, la aspereza de la vida de sus habitantes. No se pueden pedir milagros; los ingresos de la mayoría no superan los 200 dólares al mes. A ambos costados de las autopistas se levantan edificios que están en permanente construcción. Viviendas apiñadas. A la escasez de tierra, los precios de los terrenos trepan a las nubes y las familias se aferran al propio, sobre el que van construyendo a medida que sus hijos se va casando, piso sobre piso. No quedan ni tiempo, ni ganas, y mucho menos dinero, para dar una terminación al edificio que muestra con desparpajo los hierros del encofrado como bigotes al viento; y los ladrillos crudos, sin revoque.
En El Cairo casi todo es incomprensible.  Sí se comprende el adjetivo faraónico.

Morad es guía y acompaña a su grupo hasta el aeropuerto para despedirse de él. Es un profesional responsable y comprometido. Vive en El Cairo, donde nació. “Adoro El Cairo, lo adoro”; “estoy enamorado con esta ciudad”, se apasiona  Morad, mientras habla aprovechando toda la cavidad bucal; redondea vocales y consonantes como si antes de salir de su boca dieran una vuelta completa para emerger llenas y fáciles de comprender. “Claro, para ustedes El Cairo es una ciudad distinta y también debemos dar en la cuenta que ustedes pasan todo el tiempo alrededor de los sitios monumentales, pero no han visto a El Cairo”.
No lo habíamos visto.
“Yo creo que El Cairo ha cambiado mucho”, dice Morad, y agrega: “Tenemos que entender que Egipto moderno ha sido una monarquía por mucho tiempo; desde 1805 hasta 1952, casi 150 años de monarquía. En aquél tiempo El Cairo tenía otro carácter, otro estilo; Egipto monárquico contaba con treinta millones de habitantes; hoy tiene 80 de los cuales 20 millones viven en El Cairo. Desde los 50 ha cambiado mucho”, afirma Morad.
Y se nota, sobre todo al recorrer la represa; un país antes y después de Aswan. Obra monumental.
El Cairo se ha modernizado. Sí. Pero ¿cuál es El Cairo? ¿El de los barrios viejos donde están las mezquitas antiguas? ¿El Cairo islámico donde están iglesias cristianas muy antiguas del siglo IV? ¿El Cairo faraónico de las pirámides?  ¿O El Cairo moderno suntuosamente occidentalizado del centro con edificios vidriados y hoteles de 7 estrellas?  ¿O El Cairo de Heliópolis, residencial y elegante,  muestra inmoral de la injusticia?  ¿Tal vez El Cairo del barrio copto?
El Cairo está atravesado por muchas culturas y por injustas desigualdades. Es una mega ciudad que está en estado de bullicio. Afiebrada. Insomne.
¿Por qué elegiste como idioma el español?,
“Elegí este idioma en el año 85 un año antes de empezar en la universidad. En ese tiempo era raro en mi país estudiar español. Mi padre decía ´Por favor Morad estás eligiendo un idioma que nadie conoce nada. ¿Eres loco o qué? Todo el mundo estudia inglés y francés´. “No; le dije, me gusta tener un idioma que no tiene nadie. Éramos 15 alumnos en español y en inglés, 300; en francés, 500”. Morad, hace una pausa y dice: “También he leído mucho sobre los países que hablan castellano: son 22 países. Yo desde niño tenía ganas de trabajar en turismo. Lo elegí al español porque hay muchos países que lo hablan. A parte siendo pocos guías que lo hablamos puedo elegir el trabajo”.  Este egipcio que se acerca a los 50 años recurre sistemáticamente al tiempo verbal presente como si tuviera miedo de perder algo; como si lo acechara el peligro del olvido.
A El Cairo se lo abandona con algo de tristeza; queda un resabio, la fina sospecha de que algo quedó en el fondo de todo, que no se ha podido entender del todo. Tal vez por lo que dice el proverbio árabe, leído en un libro de Lawrence Durrell: “Si quieres ocultar una cosa escóndela a los ojos del sol”;  y el sol en El Cairo y a toda hora del día, es un adversario poderoso y civilizado, agobia pero no  aniquila.
¿Qué sentís al dejar esta ciudad y a tu esposo?
“Siento alivio. Pero en unos días te dan ganas de volver”, nos dice esta andaluza musulmana compañera de asiento de un vuelo de 4 horas. 

ALGO DE LA INTENSA ESCRITURA DE MARCELA FLURY


 
Lo encuentro con sus manos en cuna meciendo mis insultos para que
calle al fin y duerma entre sus brazos.
Lo encuentro despotricando contra el mundo, insistiendo en cosas que
ya sé, injusticias, realidades que no nos pasan por el costado, que no
las metemos en el bolsillo y que me indignan como a él pero pretendo
ser cálida. La historia es una y nosotros somos parte de ella, pero
ella nos envuelve de tal manera que… que pareciera que no podemos, no
podemos solos ni juntos… Entonces, lo encuentro con su cuerpo
entumecido resistiendo los golpes que le doy para que clave los pies
en tierra firme pero esa es su isla, es ahí donde quiere estar.
Lo encuentro con sus piernas trenzadas a las mías conectando con un
mundo al que no puede resistirse, al menos unas horas al menos una
noche, un recreo,  y mi rostro en su pecho y su caricia en mi pelo
custodiándome.
Lo encuentro cuando hecha un pimpollo estoy, retraída, dudosa, frágil,
y me nutre para que los pétalos abran pero nunca más que los suyos que
me abrazan; nunca tan seguros, tan erguidos, porque él sabe que es
siempre en su terreno donde jugamos sino de otra manera no lo hacemos.
Y quiero ir hasta el cielo y su rayuela tiene un límite, entonces me
siento un laberinto.
Lo encuentro con el puño furioso haciendo arena su piedrita y me
resisto a creer que quiere avanzar conmigo de la mano porque no soy su
arcilla, no soy yo la que abriga.
Lo encuentro, cuando mi sombra interroga, cuando el silencio me
invade, cuando el encierro me ahoga y la libertad me sacude. En el
olvido estoy y él se pierde en el río dejando remolinos en los que
navego.


27/12 1.24 AM
Es el mundo el que interroga
porque el horizonte enarbola
una bandera universal.

Y aunque todo se cuestiona
cuestión que todo se derriba
y en las ruinas se descubre
que no hay casitas de naipes
para armar.

Es el mundo el que interroga
porque la humedad acaricia
los dedos de los pies.

Y en la lluvia
atados a la tierra están los ecos
que rebotan en lo hondo
sin permiso a estremecer

Son los verbos en el charco
poco importa el sustantivo
No puedo ser perla
que se abriga entre capullos.

La nuestra es agua turbia
Inexpresivas están/son
las olas del Paraná viejo

Entonces cualquier intensión se derrumba
Y oculta el río la furia acumulada
cuando reprime el eco
de tu enferma calma.

FICCIONES - por marcelmaina



Vivimos una realidad hecha de ficciones. Construimos espejos que puedan darnos otras imágenes, que den una forma más segura a nuestros miedos, nuestras imposibilidades, nuestras frustraciones, nuestros deseos siempre insatisfechos. Y en ellos nos miramos, en rituales de búsquedas nunca saciadas, en la ilusión de descubrir todo en tantas partes. Estamos hechos de estas tantas ficciones, nos explicamos como personajes, nos describimos como películas, nos descubrimos tomando prestados gestos y tonos. ¿Qué frontera separa la realidad de la ficción? ¿Borrosa, no? 

TRÁMITES - por marcelmaina


Trámite uno: Temprano, camino a mi trabajo, me cruzo con una vecina. Le pregunto por su madre, que hace rato no veo y que sabía habían decidido llevarla a un geriátrico. Me mira sorprendida, adivino su gesto y le digo: Se murió...Asiente compungida. Se excusa de no haber avisado y rápidamente dice: "No hicimos nada, ya estaba muy enferma".
Me alejo de ella pensando que nuestra vida se ha transformado en una larga serie de trámites, donde momentos importantes de nuestra vida se viven de esa manera: como un trámite más. Nacimientos preocupados por los regalos, cumpleaños con demasiada animación, casamientos show, muertes express. No puedo juzgar, solo veo un espejo que me interroga.
Trato, mientras me traslado a tomar el colectivo, de sentir mi cuerpo, esta vida presente y lograr ser un poco menos mecánico. Sentir.  
Trámite dos: Me envían "adelantos" de una nueva currícula de la escuela donde enseño, la escuela de teatro de mi ciudad. La reviso y veo que una de mis materias ya no está más. Linda forma de enterarse...Los "adelantos" son decisiones ya tomadas y me encuentran sin ganas de pelear, sin embargo hago llegar a las autoridades mio desagrado. Discutible que ahora quieran más teatro y menos educación, no discutible que las cosas se hagan de este modo. Como un trámite más. Tratarnos como cosas nos va convirtiendo en cosas intercambiables, usables y tirables. ¿Qué otra cosa esperaba?

Ciudadanos del mundo uníos - por marcelmaina


Viajo a Buenos Aires, para asistir a un seminario de teatro. Me desplazo en subte, es como que le tengo menos miedo al perderme. Como todo extraño y con relativo tiempo libre, puedo ver aspectos que no veo en mi ciudad Rosario.

"Esta ciudad sufre de los extranjeros" - me dice un taxista.

Por la calle de este país declamado crecido, deambulan los olvidados, los sin acceso. Son ya demasiados. Siempre son demasiados. 
Subo al subte en horas pico. Repleto violento. Cuesta respirar. Me cuesta aceptar ese acercamiento forzado de empujones y miedos. Veo los rostros. Pienso que uno se irá acostumbrando.


"Esta ciudad sufre de los extranjeros" - me dice un taxista.


 Recuerdo los estudios sobre construcción de la ciudadanía. Pienso, así, ahora, acá, se construye ciudadanía, se educa. En medio de este pesar que soporta los repetidos maltratos cotidianos, en el deterioro creciente de la calidad de nuestra vida, se cimienta la base social de ciudadanos vacíos, sin derecho. Ni siquiera a quejarse.  Extraños y propios.