STEFANO

Una historia, tantas historias
por marcelmaina

Un clásico, si así se pondera una obra, tiene la magia de conectar mundos, y de nunca agotarse.
Eso es Stefano, de Armando Discépolo. 
Esta historia, de sueños y frustraciones de los inmigrantes, ¿es solo una historia pasada?
Y los sueños, sueños son...Stefano es una historia de la frustración, tal vez de tantas frustraciones cargadas por nuestro árboles familiares, presente en una Argentina siempre postergada al fin.
Todo lo hecho oscurece para Stefano, no se siente traicionado solo por su discípulo, se siente traicionado como tantos inmigrantes por una historia prometida, soñada, una nueva ilusión que diera paso a una nueva vida. La América que devora sueños. ¿A quién echarle la culpa? ¿a las autoridades? ¿a quienes emprenden una carrera del vale todo? ¿ a las propias expectativas?
El tiempo inexorable, el "progreso", marca cambios donde progresar poco tiene que ver con la ética. Las cosas son así Stefano, el mundo sigue adelante, y descarta vejez, sentimientos, profundidad, humanidad. Progresar es rápido, bonito, jóven y entretenido. Progresar es descartar. Y no admite escrúpulos.
Todos los hombres buscamos utopías, sueños, la tierra sin mal, el mundo justo. Reconocer que el mundo no es justo, que nunca llegamos a alcanzar los sueños, que el mal y lo sombrío son parte de nosotros, frustra. Y llevan como Stefano a querer estar dentro de una ostra...
"Cosa inexplicable, la tristeza de la ostra. Tiene la aurora dentro, y el mar, y el cielo, y está triste… como una ostra… No sabemos nada. Uh… quién sabe qué canto canta que no lo oímos… A lo mejor es talento, su silencio. ¡Vaya a Saber!" 
Tal vez este mundo actual, en su rostro más sutil y descarnado del capitalismo, haya encontrado el más preciso mecanismo para empobrecer conciencias. La ilusión permanente, el convencimiento que si quieres triunfar y "hacerte la América", debes hacerlo sin preservativo.
"No se llega con esfuerzo y trabajo","Los sentimientos y su expresión debilitan", "Supervivencia del más fuerte"
La ficción siempre cuenta más de lo que la historia descriptiva puede y suele hacerlo. el grotesco como género, marca el momento de la caída de los sueños. Si hubo y hay un crisol de razas, es para fundir las esperanzas y uniformar.
El grotesco lleva a la caída de la máscara y ese momento duro pero sublime, nos habla a nosotros, hombres y mujeres enmascarados para sobrevivir.
Los políticos manejan el miedo, la esperanza, pero también la frustración. Desarrollan su mejor cualidad: prometer. Viejos y nuevos sueños. Manejar las históricas frustraciones. Y como las guerras, que surgieron para expulsar tanto odio sin cauce, crean hoy pequeñas guerras, viejos y nuevos enemigos a mano, para justificar. Los poderes enquistados en los gobiernos, los mundos de los negocios han aprendido a reciclar nuestra propia incapacidad de crecer aceptando la realidad. Y lo han logrado con mayor y mejorada homeostasis. ¿Qué pasará cuando la máscara caiga y sea difícil cubrirse? 
Tal vez el silencio de la ostra nos cante.