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LA PATOTA


"Lo más progresista que hay en la actualidad es defender el Estado de derecho" nos dice Oscar Martínez en una entrevista ofrecida al diario Perfil.
En medio de tanto circo infanto- adulto de las vacaciones invernales, me gustó mucho La Patota. Bajo la dirección de Santiago Mitre, con una contundente actuación de Oscar Martínez, como el juez padre la película supera aún para mi gusto la excesiva inexpresividad estereotipada de Dolores Fonzi. La peli molesta, a espectadores que solo buscan acción e historia cumplida. No es de final abierto, es abierta en todo su proceso. Molesta porque surca la delgada línea de los derechos, tantas veces declarados en su abstracción y tan lejos de ser encontrados en la cotidianidad. Este sistema instalado en un relato declarado progre ha generado, declarándose exclusiva garantía de la defensa de los derechos, una gran confusión. Es esa la confusión que genera la película, la de una militante que enfrentada a los viejos poderes opresivos termina justificándolo todo, como si la injusticia histórica, lo que te han hecho, justificara todo lo que haces con ello. Puede leerse en definitiva, como la compensación de una culpa vivida por quienes tuvieron otras oportunidades. La película, seguramente tiene una posición, imposible no tenerla, pero su trato inteligente es el de abrir un debate crucial para estos tiempos. Cuando planteo a mis alumnos que es muy importante construir otro concepto de autoridad y de límites que no sean solo identificados con el autoritarismo, la tarea se vuelve trabajosa y difícil. Pero entiendo que si hablamos de convivir es primordial ser claros en las reglas de juego. Estos tiempos son perversos, porque quienes gobiernan suman un da lo mismo peligroso, que se vuelve funcional al discurso de  todos tenemos derecho a hacer lo que se nos antoja. Total nadie paga. Y esa es la sensación triste que nos queda de esa historia nunca cerrada, la de que tantos progres pueden avalar un sentido común engañoso, un populismo clientelar y un retraso muy grande en políticas que realmente transformen y abran posibilidades, nunca desde la limosna y más dependencia o el consumismo a cualquier costo. El maniqueísmo dogmático solo da votos a quienes hacen negocio desde alguna de las caras de la moneda, progres y gorilas, conscientes o inconscientes, desde un uso iluso o desde un uso intencionado y de negocio personal. El tema claro es que en el presente estos usos han vaciado el concepto y el debate abierto sobre los derechos, y los han alejado de la necesaria apropiación de grandes sectores que terminan tirando el agua y el bebé, y al odiar su uso terminar rechazando esta valiosa herramienta, la que asegure que nunca debe servir para borrar nuestro deberes y nuestro respeto a la vida.Para que ninguna patota, sea cual fuere su color, termine manejando la nuestra.

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