EL ALMA DE LOS OBJETOS - por marcelmaina
23dic
Me encanta coleccionar objetos, muñecos, títeres, objetos raros, texturas. Me encanta para estos días regalar objetos inútiles. Uno de ellos me acompañó en mi infancia en momentos de destierro interior: un boxer de porcelana. Vaya a saber que representaba para mi ese rígido can de mofletes prominentes. Lo había apoyado en una suerte de repisa en ese ambiente comedor transitado donde mis viejos habían ensayado un lugar posible para mi cama y algunas pocas chucherías. Me costó mucho siempre sentir un lugar, mi lugar. Aún cuesta. Sin embargo, ese objeto, como otros, despertaban en mi la tranquilidad de sentirme de alguna manera protegido. Era mi perro, que alguna vez logré tener de carne y hueso. Aún lo tengo, un poco averiado, sin oreja y con una pata pegada como se pudo. No paré en mis colecciones. Más de una vez, esposa, hijos y quien debe quitar el polvo, reniegan y prometen que irán poco a poco despareciendo. Pero resisten. A eso me ayudaron, como un ejército de gladiadores pelean desde su inutilidad y simple belleza contra tantas penas y soledades difíciles de llevar sino fuera por mis objetos. Cuando los regalo pienso que hay algo de niño en eso. Más de uno dirá: ¿este es mi regalo? A veces logro convencerlo de que espere a la noche, prenda la luz y lo mire. Descubrirá que algo de vida profunda hay en lo inerte e inútil. Tal vez la mano que les dio forma también les dio alma.